
Andreas llegó a la punta de la montaña, sacudió su capucha, luego toda su túnica. Recargó el bastón sobre una piedra. Estuvo un largo rato mirando hacia el suelo, encorvado y con las manos sobre la cabeza. Luego se levantó y dirigió su mirada a los que le seguían:
-¡Bienaventurados los que escuchan el crujir de la noche, y pueden percibir con suma claridad lo agónico del viento en las noches de invierno!
¡ Bienaventurados quienes en las noches de hambre consuetudinaria, desgarran su pecho con una daga, sacan su corazón y lo muerden, como perro que muerde sus patas!
¡Bienaventurados, en verdad, aquellos que martajan con navajas las risas hipócritas de sus rostros, y no dejan que la Gran Quimera les pinte con, excremento y sangre, hoyuelos falsos en el abismo del espíritu humano!
¡ Bienaventurados los que lloran sangre, y no esperan la felicidad de ultratumba, aquél cuadro miserable de algodón y párvulos rosados. Yo les digo, que quien así se viere, está muerto entre moscas y gusanos de panteón. Antes de llegar a la muerte, ya la tuvo, porque renunció a la vida !
¡Bienaventurados los de espíritu inconforme, que no sacian su hambre con canibalismo y sangre que fluye entre maderas y clavos. Porque devorar los propios pulmones y el corazón es sacro, no así lo soez de devorar carne ajena que limpia pecados, y tras de esa limpieza esconde pavor a la libertad, terror a caminar sin rumbo, a sangrar los pies entre piedras afiladas. Cambiando esta incomodidad inherente por desfiles de incienso y cantos corales dirigidos al cielo, y recepcionados en lo hondo del Seol humano!
¡ Bienaventurados los que han desnudado a la Gran Quimera, y le han destrozado el vientre a puñaladas y mordidas. Ella, la que engendra monstruos idénticos por serie, es la que nos persigue a donde sea que vamos. Yo les digo, aún aquí, entre nosotros, hay traidores, hay quienes me siguen por lo poco ordinario de mis palabras, pero no han somatizado nada de lo que digo. Mis palabras se les escurren como el jabón, fingen odiar a la Prostituta Escarlata, y en realidad le besan sus senos redondos que manan leche putrefacta todas las noches. Dichosos quienes ven el rostro descarnado de la Gran Prostituta, y no la supuesta belleza del "deber" en ella.
¡ Felices los que tienen oídos que sangran al sonido de la lluvia, los que pueden dar a luz a mujeres y niños en lienzos de piel humana, los que platican con la cantera y el mármol, en pocas palabras, los que hacen que la madre tierra se sienta orgullosa de que existamos. Ustedes son la sal de la tierra, y no como aquellas semillas de ajenjo que golpean su pecho y hablan a la nada para que les cure, para que les alimente; esas vergüenzas humanas perecerán por sí mismas!
¡Felices, no quienes oyen lo que diogo sino aquellos que lo saben antes de que hable. No hace falta entender lo que digo, es necesario que estas verdades esten como semillas de fuego, esperando la chispa de mi palabra para encenderse !
Antes, a los como ustedes les injuriaron, les abofetearon, les quemaron, les obligaron a decir palabras que no eran suyas.
No olviden, si alguien les abofetea la mejilla izquierda, inflen la derecha de saliva y escupan el rostro de quien lo ha hecho. Antes se dijo "quien ama conoce a dios", yo les digo "quien ama es dios", también se dijo "ama a tu dios sobre todas las cosas", yo les digo "no vomiten frente a las estatuillas del dios falso por sobre todas las cosas, la tolerancia es el ángel que nos cuidará cada noche que respiremos vino hecho sangre".
Luego Andreas se volteó a punto de derramar una lágrima, y se escabulló rápidamente de entre los discípulos. Uno de ellos le alcanzó y preguntó porqué la lágrima, el con el rostro completamente húmedo le dijo:
-Hay un traidor entre nuestros cercanos, y temo por su vida, él trata de ser sincero, sin embargo, su suerte es morir devorado por todos los demás.
Y Andreas se retiró a su cueva, y durmió con el estómago sin probar alimento.